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FALSA LIBERTAD

Lo que le decimos a otra persona, y la relación que esto tiene con nuestros actos, es lo que va generando la dinámica en una interacción.  Ahora se promulgan ideas, que se han generalizado socialmente, una de ellas relacionada con la defensa de la mal llamada libertad personal, que está basada en la idea de tener derecho para hacer lo que a uno le venga en gana sin ninguna consideración por los demás.

 

En el contexto de una conversación cotidiana, lo que se expresa en un momento a otra persona es relativo; lo que se piensa ahora puede cambiar diametralmente a lo que será mañana; y con ello lo que se ofreció queda sólo en palabras que no tienen ningún valor.  Relativizar toda acción, pensamiento o postura frente a la vida tiene un costo muy grande en las relaciones y para la salud de uno mismo.

DE LA PERSONALIDAD FLEXIBLE A LA SOBREADAPTADA.

Una cosa es tener la capacidad de aprender con las experiencias, de cuestionar los propios puntos de vista, de nutrirse con las interacciones y mantenerse en un constante proceso de maduración. Esto se conoce como personalidad flexible.

 

Pero hoy en día la sociedad impulsa y otras veces exige al individuo a ir mucho más allá de la flexibilidad, los cambios son muy rápidos en el entorno, y las personas cada vez en un número mayor están sobre adaptándose frecuentemente, es decir la persona pierde de vista lo que realmente es, diluyéndose en relaciones o interacciones transitorias y momentáneas, que no necesitan de compromiso sino más bien de la intensidad del momento, tal como llegan se van.  No se da el proceso de maduración constante como en la personalidad flexible, simplemente porque no es necesario, no se necesita generar valores estables o posturas saludables frente a la vida, a las relaciones o uno mismo; más bien es mostrarse como una cometa, que va dónde el viento la lleve. Todo es transitorio, todo es impermanente.  La sobreadaptación puede ser una trampa, se está tratando de calzar en una sociedad superficial, y bajo el escrutinio de los otros; en nombre de una falsa libertad, un espejismo.

DESVINCULARSE.

No hay límite en  relativizar las posturas frente a la  vida, se deja más bien al ánimo del momento, lo que le sea más cómodo a la persona. Lo que digo hoy puede ser que mañana ya no tenga ningún valor.  Mucha personas llegan a consulta con la misma historia: “ Me dijo tantas cosas el día que nos conocimos, que parecía que esa relación tenía futuro, parecía que nos podíamos entender de maravilla, todo fluía, y nos encontrábamos aparentemente muy cómodos juntos.  Pero al día siguiente desapareció sin ninguna explicación.  Estoy muy confundido, realmente no se que pasó.”  Este relato hoy por hoy es frecuente, desvincularse de repente o muy rápidamente se ha vuelto no solamente algo posible, sino algo que se busca activamente, porque no se quiere entrar en el rollo de los sentimientos, sino simplemente experimentar las emociones pasajeras del momento y luego salir corriendo a buscar nuevos estímulos.  Supuestamente así es como debería ser la vida moderna, plena en libertad y carente de sufrimientos.

¿QUIÉN SOY?

Buena pregunta y muy difícil de contestar en estos momentos, si el individuo promedio tiene que sobreadaptarse, desvincularse lo más rápido posible, y buscar nuevas y vibrantes experiencias superficiales a diario, difícilmente podrá saber quién realmente es.  Cuando todo se vuelve relativo psicológicamente hablando, son relativos mis valores, son relativos mis afectos, son relativas mis posturas, mis metas, mis anhelos, mi entorno, y claro yo mismo soy relativo, entonces no me es posible encontrarme en medio de tanto fluctuación.  Si la persona no sabe muy bien quién mismo es,  entonces será confuso lo que se piensa o se quiere, y mucho más confuso lo que se dispone a hacer en un momento dado.  Por lo que ningún otro vínculo relacional ni con amigos, ni con la familia, ni con la pareja podrá ser significativo.  No olvidemos que como es adentro es afuera.  Y no puedo dar a otros aquello de lo que carezco.

 

NADAR CONTRA CORRIENTE.

Lo que genera fortaleza en un vínculo humano es la confianza, sin ella el encuentro con el otro se torna superficial y pasajero, la confianza es saber que se puede creer en lo que el otro dice, porque estará en relación con la forma en que más adelante actuará.  En un entorno exageradamente fluctuante conformado por muchos individuos fluctuantes, la confianza pasa a ser una idea nada más, no hay en quién confiar, la comunicación es demasiado difusa.

 

Alejarnos del contagio social será todo un trabajo de integridad, de respeto a nuestra propia personalidad, de confianza en que las decisiones de vivir una vida significativa valen la pena, no será nada fácil, pues la persona integral se encontrará una y otra vez con la informalidad y la deslealtad que ahora se ve como normal en una sociedad en deterioro.  Ninguna lucha significativa es suave, requiere esfuerzo y templanza, aprender a conocerse, encontrar el camino que se quiere transitar y descubrir con quién nos gustaría recorrerlo es un proceso de autodescubrimiento muy importante.  Crear relaciones que aunque se queden en el camino por cualquier circunstancia sean valiosas para la madurez del individuo, saber darse y aprender a recibir puede ser toda una tarea de dignidad y humildad. Que la palabra que se da a otro, que el acuerdo al que se llega tengan una validez por amor a nosotros mismos primero y por respeto al prójimo, crean un ambiente de confianza, una congruencia que genera el regalo de relacionarse saludablemente.  Es un tiempo difícil para mantenerse ecuánime con las arremetidas de relaciones insalubres, pero no es imposible hacerlo, sólo debemos recordar el derecho individual que se tiene a elegir de forma íntima cómo se quiere vivir; y tal vez su elección saludable pueda contagiar a otros para crear cada vez vínculos más saludables.

 

Dra. Isabel Ayala Vera.

PSICÓLOGA CLÍNICA

INGENIERA COMERCIAL

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Los derechos del texto y las fotografías son de Paola Isabel Ayala Vera. Se puede citar el presente artículo con la debida referencia